Estoy convencido de que los jóvenes nos comportamos de acuerdo a como entendemos el mundo, al entorno en que vivimos, lo que aprendimos, nuestras conductas y a lo que aspiramos.
Últimamente me he planteado varios aspectos relacionados con mi carrera, Agronomía. La importancia de la misma, mi rol como estudiante, mi aporte a la sociedad.
A lo largo de este tiempo tuve muchas experiencias, tomé decisiones y afortunadamente me equivoqué también. Lo cierto es que en todas tuve oportunidad de aprender y de volver a empezar. Y más allá de esas equivocaciones sigo estudiando, y espero hacerlo por mucho tiempo más, ya que el conocimiento crece y se expande.
Algo que nunca imaginé al decidir mi carrera fue, qué estilo iba a adoptar, ese abanico enorme de posibilidades que a medida uno va avanzando, va sorteando. Me di cuenta que no soy el mejor en lo que hago, pero sé que aquello que emprendo lo resuelvo y puedo avanzar, aceptando que hay cosas que me gustaría hacer aunque no tenga el talento suficiente para realizarlas y hay otras que me salen naturalmente y por eso debo aprovecharlas, poniendo día a día más esfuerzo en ellas. Soy un convencido de que la carrera la hace uno.
El solo hecho de estar fuera de tu pueblo por mucho tiempo y volver cada tanto te permite pensar desde otra perspectiva. La ciudad te acelera, es cierto, a medida que pasa el tiempo todo empieza a tomar otra razón de ser y ese es el momento en el que empezás a conectar tu vida académica con lo cotidiano, volviéndote más crítico de la realidad.
Hoy por hoy me sorprende el desconocimiento por completo de las profesiones vinculadas al campo. Todo se reduce al veterinario con los animales y al agrónomo con las plantas. Razón que me llevó a escribir estas líneas, más precisamente el desinterés de los jóvenes por el campo.
Tengo grabado en mi mente una frase del presidente del Uruguay José Mujica “Este país necesita muchos veterinarios, muchos agrónomos, muchos especialistas en ciencias biológicas, necesita un tipo de humanismo que haga soñar con el Quijote, pero sabiendo matemáticas y biología, porque el arte no se separa de la ciencia y menos de las manos”. No niego que me hubiese gustado escucharlo de este lado del charco.
El sector rural necesita de jóvenes que desarrollen sus habilidades y destrezas, sin embargo el panorama hoy es distinto. Hay mucha desmotivación en los jóvenes, poco interés por seguir en el campo o tal vez falta de oportunidades. Me pregunto, si no es desde que nacemos, desde dónde se construye esa vocación de seguir trabajando la tierra para convertirse el día de mañana en un profesional del agro.
Debemos ser actores de esta realidad que pone al campo en un escenario con gran potencial para abastecer a la humanidad de alimentos, posibilitando a los jóvenes argentinos ser artífices de su propio futuro. Me pregunto si la fuga de cerebros será a la inversa esta vez, si seremos nosotros los que tengamos que recibir dentro de unos años a profesionales extranjeros trabajando en nuestros campos. Cómo es posible que siendo la Facultad de Agronomía la que más estudiantes de intercambio de otros lugares del mundo recibe, no tenga ese mismo atractivo por parte de los estudiantes argentinos. Me hace pensar que el campo, no está de moda.
Tal vez no haya una sola respuesta a todos estos interrogantes, pienso en una comunidad rural cansada, desmotivada, nublada ante cada cambio de gobierno, en una sociedad que ya no sueña ni imagina, en una generación de jóvenes que no apuestan por la continuidad, en un sistema educativo que no aprieta las tuercas hasta llegado el secundario, algo tarde para entender sobre el esfuerzo y la vocación, o unas generaciones de padres sobreprotectores que no han permitido que sus hijos sufrieran la más mínima frustración.
Los estudiantes de secundario no llegan a conocer ni siquiera una parte de las diferentes opciones de carreras universitarias, de sus contenidos, de los campos laborales, y mucho menos de las especializaciones. Es importante la decisión de la carrera pero también de la Universidad. Pero no a una semana de egresarse.
Debo reconocer que el 2011 me volvió más crítico y más participativo, tal vez sean las redes sociales o esta especie de despertar político de la juventud, la incertidumbre, el debate abierto…
Sin dudas, si hay algo que renové, fue mi vocación, aptitud y actitud por esta carrera que supe elegir y que se que no me equivoqué.
He terminado esta síntesis apretada de lo que me importa, angustia y motiva a obrar.
Que en el 2012 encuentres esa pasión, ese algo que motive tu vocación. Buen año para todos!!!
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Ascension, Argentina
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